sábado, 9 de octubre de 2010

CUENTO QUE RECIBIO MENSION DE HONOR EN EL CONCURSO ROSALIA CASTRO

Los Rosendos



Tempranito, eso de las cinco de la mañana, por ay! cuando cantaba el gallo, se levantaba el Rosendo.
Como todos los santos días debía hacer sus quehaceres, pa eso le pagaba el patrón.
Rosendo tenía de tarea darle de comer a las gallinas, a los chanchos y a los caballos; recorrer la estancia y mantener todito en orden.
El Rosendo un gauchito de apenas unos diecisiete años, hacendoso y todo un mocito de ojos negros.
Estaba enamorado no mas, y saben de quien? De la chinita que trabaja en la cocina del patrón.
Y a que no saben? Pa colmo y pa pura coincidencia se llama Rosenda, tal es que los llaman los Rosendos.
El Rosendo con su bombacha de gaucho y su boina se floreaba cerca de la ventana de la cocina, donde la Rosenda de seguro lo iba a ver.
Le arrastraba el ala a la chinita, pero ella se hacia la linda, agachaba la cabeza y lo miraba de reojo; tirando una trenza pa un lado y la otra pa el otro.
Ella de pelo bien negro azabache y de canillas flacas, de tero parecían, y no quedaba todo ahí; fea! Ma que fea fiera diría yo!; pero en fin el amor del gauchito iba mas allá de eso.
De vez en cuando la mandaban a barrer la galería que se llenaba de hojas, y ahí aprovechaba la Rosenda para coquetearle al Rosendo.
- buen día mocito! – le dice.
- buen día chinita linda! – le contesta.
- Ay! Usted siempre piropeando!
Usted? Si porque de usted se trataban.
- a ver si se da una vueltita por la cocina que le preparo algo!
- Claro que voy! Al rato paso!.
Al Rosendo se le salían los ojos mientras la chinita se iba meneándose con su vestido floreado.
Por las tardes el gauchito cepilla a la yegua de la patrona, es decir cepilla –pasar el cepillo;
Yegua –la hembra de caballo; patrona-simplemente la patrona; aclaro por si sonó fea la frase y se entendió otra cosa.
Es una yegua vieja de patas flacas un tanto debiluchas, pura sangre, pero viejita, la madre de otra yegüita lista pa preñar.
Cerca de la estancia hay una laguna a donde los mocosos del patrón les encantan ir a nadar, por eso la Rosenda tenia encomendado llevarlos y cuidarlos.
El Rosendo ya sabe la hora que salen pa la laguna y pispea detrás del árbol pa salir rapidito atrás.
Haciéndose el opa dice: - patrón! Llevo a la yegua a dar una vuelta pa que estire las patas! – y se va.
Mientras los changos juegan en la orilla, la Rosenda improvisa un picnic debajo de un arbolito pa que no la agarre el sol.
Es ahí que se asoma el Rosendo, jineteando a la pobre yegua, haciéndose el Martín Fierro.
El pobre animal llego con los ojos pa juera.
Todo pa coquetearle a la chinita, que la muy fregona se hace la linda como siempre; se tira una trenza pa un lado y la otra pa el otro.
El Rosendo se le sienta al lado y ella hecha una sonrisa tapándose la boca con la mano, no por vergüenza, porque le faltaban dos dientes.
Piropo va piropo viene, el Rosendo le quiso robar un beso.
Pero la Rosenda se levanto y empezó a correr alrededor del árbol y el tonto atrás.
Así eran todos los días.
Por las noches era otra cosa, el Rosendo duerme en el galpón detrás del establo.
Y la Rosenda en una piecita al lado de la casa con su madre.
El no tenía problema, pero ella tenia que esperar a que su madre se duerma; era así que se escapaba por la ventana y corría rapidito pa el ombú que queda cerca de la tranquera.
Ahí se encontraba con el Rosendo, y ahí si que aprovechaban de lo lindo, mirando las estrellas abrasaditos.
Hasta ahí nomás llegaba la cosa, al menos por ahora.
La Rosenda de vez en cuando iba al pueblo a hacer las compras, y eso mucho no le gustaba al gauchito, era de celoso.
Cuando volvía la china del pueblo era todo un tema.
El Rosendo se le ponía cargoso, y la aturdía de preguntas; porque tardaste?; con quien te quedaste hablando?; seguro que con el de la despensa! – le decía.
Como ella no le daba mucha importancia a lo que decía, mas rabia le daba, pero es tan orgulloso que no afloja manija.
La Rosenda ya lo conoce al Rosendo, dispué iba a venir como un pollito mojado a pedirle perdón, como lo hace siempre.
Se acercaba una fiesta gaucha, por lo cual la chinita iba mas seguido al pueblo, para que! El Rosendo estaba que echaba humo de celoso.
Como él no podía ir hasta el pueblo para seguirla, porque lo tenían alimentando a los animales y aseando la estancia para la fiesta.
Una mañana recorriendo la estancia, pasa cerca de la ventana de la cocina, para pispear a la Rosenda porque andaban medios peleados y quería tantear el terreno.
En eso en la cocina se encuentra la madre de la chinita en pleno lengüeteo con el patrón.
Con cara de muerto degollado los dos. Que habrá pasado se pregunto el Rosendo.
Como no podía oír bien se acerco un poco mas; en eso el patrón le dice a la Rosa.
- tenemos que ver como hacemos porque es muy chica todavía.
- Si pero ya no se puede hacer nada esta preñada y no hay vuelta atrás.
- Y que hacemos entonces – dice Rosa.
- No se hay que decirle a don Eulalio, en todo caso es de su hijo!.para que se haga cargo y la venga a buscar.
Eulalio el padre del Rodolfo el muchacho de la despensa.
El Rosendo se tapo la boca pa no gritar de la bronca, salió corriendo hasta el galpón y agarro todas sus cosas.
No podía creer lo que la Rosenda le había hecho, darle su amor a otro; y se fue pa siempre de la estancia.
Lo que no supo nunca el Rosendo es que había escuchado la mitad de la conversación.
El hijo de Eulalio, le había comprado la yegua mas joven del patrón, y la hizo preñar con su potro. Si el Rosendo no hubiese metido la oreja donde no le corresponde, todavía seguiría dándole su amor a la Rosenda.

martes, 5 de octubre de 2010

Cuento " LA SOMBRA "

Desperté sin poder recordar ni un efímero sueño siquiera. Me senté en la cama y me pesaban los hombros como si llevara un costal en ellos. Camine hacia el baño, con agua tibia despabile mi cara mirándome en el espejo. Repentinamente una sombra se atravesó por detrás de mí, giré con los pelos erizados, sin dudar supe que era la misma sombra que me atormentaba en mis sueños. Quedé tieso, en medio de la habitación a media luz. No era la primera vez que me sucedía. Desde niño llevo la osadía de ocultarlo y de mantenerlo en secreto; un secreto que hoy se disuelve en mi memoria como un terrón de azúcar. Solo un fondo oscuro vive en mi mente y en él la sombra difusa mutilada con una sola mano; la que me asfixia y me deja sin aire. Lloré y grite siempre en silencio y el miedo me terminaba cercando en la vergüenza y decidí recluirme en mi mismo. Recuerdo que todo empezó cuando jugaba en una tarde de verano, puedo percibir el olor a pasto recién cortado y los mosquitos en mis piernas. El sol abrazaba todo el patio y de una canilla una gota permanecía suspendida soportando el calor, en medio del pasto me recostaba mirando al cielo dejando que me absorbiera la sensación de estar volando, y por un instante desaparecer de la faz de la tierra. Me sentía libre, hasta que sin darme cuenta caía profundamente quedando dormido. No tenía sueños, más que el de siempre, la mano de la sombra asfixiándome. Cuando no podía resistir y me faltaba el aire abría los ojos, el cielo no estaba, veía todo nublado, pestañaba con lágrimas y sobre mí estaba el techo blanco de mi cuarto. Las manchas de humedad de la pared se mezclaban con ese fuerte olor que quedaba después de mis pesadillas. Seguido permanecía exhausto, sumiso y callado, con la vista gacha dirigida al plato de la cena. El chasquido de los cubiertos retumbaba como ecos metálicos que se interponían entre la voz de mi madre suplicando y los gritos de ese señor. Pero yo tenía la virtualidad de persuadir el mundo real extrayéndome por completo de él. El verano recalentaba y agobiaba con temperaturas altísimas, con la manguera regaba todo mi cuerpo mojándome la remera y los pantalones, correteaba chapoteando en los charcos que se formaban en el piso desnivelado. Acostumbrado a jugar solo me había convertido en un niño introvertido, y el hecho de que mi madre trabajara tuve que cuidarme solo. Confié en ella y sus palabras por mucho tiempo. Mis pesadillas fueron el producto de la confianza. ¿Mi confianza o de la mi madre? esa tarde me senté en mitad del patio mire fijo un charco y jugué con el reflejo de mi cara. Con el dedo índice señale sobre el agua cada parte, primero los ojos, luego la nariz y por ultimo la boca. La imagen se distorsionaba cada vez que la tocaba, hasta que de imprevisto todo se oscureció y mi pesadilla reaparecía. La mano sujetaba el poco aire que podía sostener, la sombra me pesaba dejándome inmóvil. Otra vez despertaba y volvía a ver el techo de mi cuarto con la humedad y el olor que dejaba mi pesadilla. Me escondía debajo de mi cama hasta que mi madre retornaba. Preso del miedo me torné en un experto en disimular a cualquier pregunta de mi madre. Me daba un beso y en ese instante aprovechaba para inhalar con fuerza y sentir el perfume de su colonia que me elevaba y transportaba en una paz milagrosa. Pero otra vez la voz de mi madre suplicando me ensordecía bajo los gritos rudos de ese señor. Serraba con ímpetu los ojos y mi mente se iba del lugar. Despertaba de golpe cuando la mano de mi madre se deslizaba por mi cabeza. La abrazaba fuerte y su cara junto a la mía escurría lágrimas, solo nos mirábamos directo a los ojos. Cada vez que mi madre se iba a trabajar sabía que la sombra vendría por mí, y así sucedía, volvía a sujetarme y la mano me asfixiaba. De pronto un silencio se apoderó del lugar, la sombra se quitó de mi espalda, voltee boca arriba y yacía tirado a mi derecha aquel señor, mi padrastro. En frente y de pie paralizada mi madre con una cuchilla en su mano. Las pesadillas sin noche habían sido el hostigo de las tardes de mi niñez que de apoco devoraron y quebraron las frágiles alas de mi inocencia marcándome para siempre.

martes, 28 de septiembre de 2010

UN POEMA PARA DISFRUTAR !! LLeno de belleza como lo es nuestra naturaleza y los paisajes de nuestro país

Espejos de agua

El vuelo del águila se abraza al cielo y al suelo
Con espejismos encadenados a un pulcro ilusionismo.
Bordeados de emergentes rocas y valles enverdecidos
Congregan la fauna y la flora en la armonía del paisaje vivo.
En su largo trecho se espejan cristalinos hilos de luz,
Que se convergen en el llanto estrépito de cascadas bravías,
Perdiéndose en la bruma húmeda de la naturaleza nativa.
La brisa con sus dedos invisibles ondula las aguas
Con remolinos fugases rozando sin rumbo restos del follaje.
Imponentes gigantes de belleza esculpida bañados con la tibieza
Del sol y regados con el frescor del roció, calan de hermosura
Las figuras en los tiempos estivales.
Caminos se tejen por senderos rupestres que guardan las miradas
Antecesoras que maravilladas velaron la magia silvestre.
Es el pecado de la naturaleza bajo el rezo del edén guardando
El tesoro Patagónico en el murmullo humilde de su paisaje.
Y en un marco decorado de cielo, tierra, belleza y armonía
Se alzan los grandes lagos como espejos de agua.

Sergio omar Garcia
22 de septiembre de 2010

lunes, 30 de agosto de 2010

CUIDEMOS NUESTRO HOGAR! LA TIERRA...!!

Un mar sin gaviotas

Erguido con su vigía incesante el faro es testigo
Del cruel destino de la ignorancia y el error ajeno.
La mancha voraz con sus restos de ambición
Flota devorándose todo a su paso.
La arena fría es la tumba de los ecos de vida que ya
No suenan con el romper de las olas.
Solo huellas marcadas por doquier me llevan
A los cuerpos mártires callados injustamente.
Manos de marionetas siembran semillas de maldad
Con el solo fruto de la muerte y la desolación.
Paraíso vacio, alguna vez ante mis ojos postal
De ensueño, flora, fauna, castillos de arena;
Mis oídos zumban el gorjeo perdido de las gaviotas
Que hoy ya no escucho, la brisa muda eriza la tarde
Enmudeciéndola y a la distancia el perdido horizonte
Obsoleto termina con el paisaje de un mar sin gaviotas.

Escultura de Rolando Ramondeta - Juegos Florales 2010 Poetas del Encuentro

Bailarina de acero


La figura arqueada de tu cuerpo de acero
Cándido y cautivo del solfeo armónico,
Es la musa bailarina de notas frágiles
Con movimientos de gacela que se esculpen
Refinadamente.
Te posas con mesura sobre la insignia
Tomándola con tu mano afilada rozando
Su hermosura, la despiertas y te envuelves
En ella en un viaje de ida al éxtasis eterno.
Subes y bajas por pedestales embellecidos
Por tu danza cautivadora y recorres por
Las venas hirviendo hasta que tu corazón
Palpita exaltado.
Se filtra por los poros abiertos la música
Como un vals romántico, fundiendo tu piel
En un cuerpo de rosas de acero.